El fútbol, a lo largo de la historia, ha sido más que un simple deporte. Ha servido como una ventana hacia la sociedad, reflejando sus valores, desafíos y contradicciones. Uno de los hitos más significativos podría ser la victoria de la selección española de fútbol femenino en el Mundial de Fútbol que se celebra este domingo 20 de agosto de 2023, especialmente si el equipo incluye a personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ. Este escenario no solo conllevaría un triunfo deportivo, sino que también tendría un impacto social y cultural profundo, resaltando las tensiones existentes entre las aspiraciones de igualdad y la persistente hipocresía en el mundo del deporte.

 

La inclusión de miembros de la comunidad LGBTIQ en la selección española de fútbol femenino no solo es un logro para el equipo, sino también un recordatorio de la rica diversidad de España. Representaría la lucha contra la discriminación y estigmatización que a menudo enfrentan las personas LGBTIQ en el deporte y en la sociedad en general. Esta victoria enviaría un poderoso mensaje de inclusión, mostrando que el talento y la pasión trascienden la orientación sexual o la identidad de género. El éxito del equipo en un escenario tan prominente como el Mundial de Fútbol permitiría que la comunidad LGBTIQ+ sea más visible y aceptada en el ámbito deportivo. A medida que los atletas abiertamente LGBTIQ ocupan espacios en eventos de esta magnitud, se contribuye a la normalización y a la ruptura de estereotipos perjudiciales. Esto podría inspirar a jóvenes LGBTIQ a perseguir sus sueños deportivos sin temor a la discriminación o al ostracismo. Ojalá algún día esta normalización llegue al fútbol masculino donde a día de hoy el armario es el banquillo más usual por mucho de estos jugadores. A pesar de los avances en la visibilidad y aceptación LGBTIQ en la sociedad, el fútbol ha sido un terreno particularmente difícil de conquistar. A menudo, la retórica de igualdad y respeto choca con la realidad de los cánticos homófobos en los estadios y la falta de apoyo estructural para atletas LGBT. La paradoja de un deporte que aboga por la igualdad mientras tolera comportamientos machistas y homófobos pone de manifiesto una hipocresía persistente.

 

La victoria en el Mundial no debería ser un punto final, sino un punto de partida. Para eliminar la hipocresía, se requieren cambios profundos en la cultura deportiva. Las ligas y los clubes deben establecer políticas de tolerancia cero para la discriminación y trabajar activamente en la educación y sensibilización de los fanáticos. Los organismos rectores del deporte deben respaldar y promover la inclusión LGBTIQ, no solo en palabras, sino también en acciones concretas.

 

Una victoria de la selección española de fútbol femenino en el Mundial con atletas LGBTIQ sería un momento histórico de celebración y empoderamiento. Sería un paso audaz hacia la normalización y la igualdad en el deporte para hombres o mujeres del colectivo o no, al mismo tiempo que arrojaría luz sobre la hipocresía presente en el mundo del fútbol. La comunidad LGBTIQ merece un lugar en el deporte sin temor a la discriminación ni al estigma, y es responsabilidad de todos los actores involucrados en el fútbol trabajar para convertir esa visión en una realidad tangible.

Y desde Torrevieja jalearemos con la bandera arcoíris la posible victoria de nuestra selección, una selección que es de todes les españoles y por supuesto también del colectivo LGTBIQ+.